Estás buenísima. Me excitas. Te veo caminar por la acera de mi casa y algo en mi cuerpo comienza a levantarse. ¿Cómo se llamará?, ¿De dónde será?, ¿Tendrá novio? Son las preguntas que acechan a mi curiosidad. Alguna vez escuché que te gritaban: “¡Pamela!, ¡Pamela!”¿Será ése tu nombre real?. Yo pienso que así te dicen en tu chamba de la esquina, ya que por lo visto, te gusta la cogedera.
Hoy te veo de nuevo desde la puerta de mi casa. Llevas una blusa de seda negra que combina perfectamente con tus pendientes, una minifalda con medias lisas y tacones altos. Te imagino entrando a mi oficina-“¿Desea un café señor?, ¿Le traigo el periódico o prefiere una mamadita?”- yo elegiría las tres opciones y seguramente aceptarías sin tapujos ni condiciones. Sería el mortal más feliz en ese momento.
Creo que te vi en Wall-Mart. Sí, creo que tú eras la que compraba esos condones marca ”M”. Los mirabas y minuciosamente examinabas sus características- “¿Será como lo dicen en el comercial?”- te preguntabas pensativamente. Yo te ví mientras imaginaba cómo te revolcarías en mi lecho, colocándome ese producto que tanta curiosidad te despertaba.
En la costera del amor. Tal vez eras tú la que me ofreció sus servicios mientras tus pechos acariciaban mi hombro: sentí que se me paraba como a un burro sin mecate. Me volví y te pregunté: ¿Cuánto?, tú me respondiste que 600 varos más el cuarto. Obviamente te mandé a la chingada.
¿Será que en realidad ésa eras tú?. Me pregunto mientras me desvistes frenética y jadeantemente, mientras tus manos recorren terrenos peligrosos; en donde los rayos UV no dañan mi piel. No importa, me estás haciendo el mortal más feliz del mundo.
Hoy te veo de nuevo desde la puerta de mi casa. Llevas una blusa de seda negra que combina perfectamente con tus pendientes, una minifalda con medias lisas y tacones altos. Te imagino entrando a mi oficina-“¿Desea un café señor?, ¿Le traigo el periódico o prefiere una mamadita?”- yo elegiría las tres opciones y seguramente aceptarías sin tapujos ni condiciones. Sería el mortal más feliz en ese momento.
Creo que te vi en Wall-Mart. Sí, creo que tú eras la que compraba esos condones marca ”M”. Los mirabas y minuciosamente examinabas sus características- “¿Será como lo dicen en el comercial?”- te preguntabas pensativamente. Yo te ví mientras imaginaba cómo te revolcarías en mi lecho, colocándome ese producto que tanta curiosidad te despertaba.
En la costera del amor. Tal vez eras tú la que me ofreció sus servicios mientras tus pechos acariciaban mi hombro: sentí que se me paraba como a un burro sin mecate. Me volví y te pregunté: ¿Cuánto?, tú me respondiste que 600 varos más el cuarto. Obviamente te mandé a la chingada.
¿Será que en realidad ésa eras tú?. Me pregunto mientras me desvistes frenética y jadeantemente, mientras tus manos recorren terrenos peligrosos; en donde los rayos UV no dañan mi piel. No importa, me estás haciendo el mortal más feliz del mundo.
5 comentarios:
Aaaay que narraciones las del rockcito mexicano, exceleeente descripción de los vicios carnales eh!!!!! Enfermo mental y sexual, pero bueno, lo que sea para ser mortales felices jajaja!!
Hay mi buen amigo tu no cambias!!! Eso es bueno, jajaja ya bajale poquito a los pensamientos que provoca tu imaginación perversa y detente un poco ante las tentaciones.
PD. ¿¿¿Pamela???
¿¿¿Será la que pienso???
ajajajajaja
no ma
esta poca madre
wey
ajajjaja
pues si pones cabron tu ment
me gusta cuando dices "obviamente te mande a la chingada" ajajaja
Ese tipo de narrativa me gusta, mujeres, hombres, que más somos lo mismo, con algunas variaciones... Todos tenemos algo de pervertidos, sólo pocos se atreven a hacer arte con ello...
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