lunes, 4 de mayo de 2009

Inquinas de un anormal

Contemplando los alrededores, me puse a pensar en por qué razón la vida es tan injusta. Tal vez algunos estén satisfechos con su vida, algunos otros, pensarán en que la ésta les ha provísto de algo que en realidad no querían; por ejemplo, los Beatles. Creo que en algún momento de su brillante carrera, en la mente de alguno de esos cuatro individuos nació el pensamiento de no merecer lo que tenían. O Luis Miguel. A lo mejor nunca tuvo la añoranza de ser el artista predilecto de todas las ñoras, y de tirarse a todas esas viejas buenísimas que han participado en alguno de mis ritos onanísticos. Pero volviendo al tema, existen los que cada día, al despertar, le mientan la madre -y con rencor- a la vida; los que en verdad sienten que la existencia les ha negado la fortuna y los momentos de boyante porvenir. Yo pertenezco a ellos y les contaré el porqué.


Ese día era caluroso y el bullicio de la gente era realmente insoportable. De pronto, al agacharme, puder ver esas piernas tan bien tonificadas que quizé levantar la mirada rápidamente para ver si sostenían lo que yo me imaginaba. Así fue. Cabello castaño claro, piel bronceada, ojos color miel, una sonrisa de actríz Hollywoodense, busto generoso, cintura con poder de atracción inigualable y glúteos aguantadores. Me dejó estupéfacto. Y cómo no, si soy bien caliente. En seguida le tomé alcance y le pedí la hora (un recurso estúpido y anticuado, pero eficáz ante una inminente conquista)"2:43", me contestó, mientras me miraba desdeñosamente. Ante tal gesto, procedí a invitarle una chela en la pulcata de la esquina: "La Briosa", lugar al cual accedió a acompañarme sin titubear un instante.


-Y bien... cómo te llamas-, aventuré.

-Suleima- contestó secamente.

"¡ah pa´ nombrecito!", me dije. Pero la cachondez y la morbosidad eran más fuertes que cualquier nombre.

-¿Cuántos años tienes? - pregunté con mirada fija en sus labios.

-19, pero ya casi cumplo 20.

Esa respuesta fue música reconfortante para mis oídos algo llenos de cerumen.

- Qué bien, yo tengo 24- contesté; y claro, mintiéndole. Porque en realidad era un imberbe.


Pasadas las nueve cervezitas yo la veía con más y más pretensión desenfrenada: me la quería coger. Pero ella, a su vez, no se cansaba en invertar pretextos para no aceptar las chelitas que le invitaba. - Tómate otra-, insistia. Pero ella, muy recatada, se abstenía. Por lo tanto, tuve que echar todas las carnes al asador y opté por ser franco en mis intenciones (que es lo que siempre piden las mujeres: "ser sinceros"):

-Mira, la verdad, sólo quiero una calentadita, pero si se puede algo más pues...

No sé si fue el descaro lo que provocó que Suleima saliera a toda prisa de "La Briosa", o tal vez lo que provocó eso fue mi boca insinuante con labio leporino, o mi oreja sin lóbulo derecho; mi diente careado o mi aspecto de indigente.

Todos los rucos, ya con un grado elevado de embriaguez, me observaron y rieron insinuadamente.

Por este tipo de acontecimientos, sigo en la postura de que la vida es demasiado injusta, les da a unos pocos y deja desamparados a millones. Vida: chinga a tu putísima madre.

1 comentario:

Karina Félix R. dijo...

Nooo!! Soy tu fanS, soy tu fanS jajaja!!!
Me gustó la entrada, me estaba riendo y tuve que correr al baño:P! Y yo soy de la misma corriente ...algunas veces...Vida: Por mi parte también te puedes ir a la chi...ngada!!!