Dentro de mis deberes como ciudadano, y conforme al estado de derecho en el que- supuestamente- vivimos, accedí a formar parte del proceso electoral del pasado 5 de julio. Pensé (ingenuamente) que sería fácil y, hasta cierto punto, divertido.
La cita era a las 7 de la mañana, pero como yo no me puedo andar por la vida sin consumir mis sagrados alimentos matutinos, llegué hasta las 7:30. De pretexto argumenté que no daba con el lugar pero en realidad no podía decirles campantemente que llegué a esa hora por ver a Chabelo, comer mis huevos(que en realidad no son mios, sino los de la gallina)con jamón, así como mi respectivo cafecito. Media hora de retraso. Nada mal para un principiante (no)comprometido con la democracia.
Para mi buena suerte( que no es por presumir,pero es bastante), no habían llegado mis compañeros de casilla. Yo, despistado y algo amodorrado, busqué entre mis alrededores al alguíen con facha de diputado o persona influyente que me me brindara orientación. Un señor con aires de persona decente captó mi extravío en ese momento y me guió por el buen camino:el del baño, puesto que había desayunado demasiado.
De regreso me encontré con una simpática señora treintañera de no mal gusto. La saludé y comentamos cosas suerficiales. Palabras amables. Al final nos dijeron que estaríamos en la misma casilla,y que empezáramos a armar las mamparas y urnas, trabajo que me provocó algo de impaciencia, puesto que se necesitaba doblar perfectamente las urnas y la base que las sostendría, pero dada mi hueva, no lo hacía correctamente. Al final quedaron perfectamente armadas, ganandome así el primer elogio de la mañana, un hecho no muy común en mi vida diaria y mucho menos en domingo.
Llegó en secretario de casilla, proveniente de un lugar cuyo nombre no puedo acordarme, quien resultó amigable y con gustos musicales afines a los míos.
A las nueve inició la votación , una hora después de lo señalado y la gente ya esperaba afuera del lugar. Y así pasaron las diez, las once, las doce...., nada raro, ningún movimiento sospechso, ningún provocador al acecho,mmm... de flojera. Las coversaciones con mis compañeros de casilla era la única forma de mantenerme despierto; cabe mencionar que los muy ojetes del IFE no pusieron ni una carpa, o lona que nos cubriera del inclemente y calcinante sol. Así que yo, un poco molesto y con una cordialidad diplomática nunca antes vista en mí, le pedí a la encargada de la casilla que nos hiciera el gran favor de traer algo que nos cubriera del sol. Las lonas llegaron un poquito tarde: a las 2:30.
De ahí en adelante todo fue decayendo; la gente era menos,pero sorpresas saltaron a la vista, como fue el hecho de ver a varias ex- novias- y algunas amigas - con sus hijos en brazos; provocando en mí sentimientos encontrados, ninguno de buena fé.
Por fin dieron las 6. ¡Vaya!. Mi trasero estaba más frío y tieso que de costumbre y yo quería salir de ahí lo antes posible. Se cerró la votación y procedimos a desarmar mamparas y urnas. Mi encomiable puesto de escrutador tenía la misión de contar voto por voto, y así lo hice. Cúal sería mi sorpresa que hasta un pedo sigiloso logró escarparse de mi esfínter, al ver tantos votos a favor del PAN, sí, del ¡PAN!. No podía creer que el partido de FECAL hubiera obtenido semejante cantidad de votos.
Llenamos las actas correspondientes y yo me afianzé un par de lápices- invierten 17.54 dólares por voto, que les cuesta un par de lápices, me autojustifiqué-. Después cerramos el paquete electoral y regalé mi playera del IFE a un vato proveniente de Tijuana(el cúal me contó que el crimen organizado esta "cabrón" por esas tierras del norte, donde algunas vesces se cobran vidas inocentes).
Dieron las 9:30 y mi labor estaba terminada. No cumplió mis expectativas esta participación en la "democracia", ni creo que las cumpla por el momento.
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